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20 AÑOS DE LA CATÁSTROFE DEL PRESTIGE

1,480 צפיות· 13/11/22

20 AÑOS DE LA CATÁSTROFE ECOLÓGICA DEL PRESTIGE. El 13 de noviembre, delante de las costas gallegas, en A costa da Morte, en medio de un fuerte temporal, el petrolero monocasco PRESTIGE sufría una rotura de su casco. En su interior transportaba 77000 toneladas de petróleo. Las causas del accidente se especularon entre un golpe con un contenedor o unos troncos a la deriva. Días antes un buque que transportaba troncos perdió parte de su carga y sí sería plausible esta situación. Aunque los expertos apuntan a una fatiga de los materiales del casco y al fuerte temporal. Para mí, la marea negra del PRESTIGE fue un cúmulo de desaciertos, errores y mentiras. Comenzaban los tiempos de la información de internet y los medios de comunicación no podían mentirnos en sintonía con los políticos tan fácilmente. Nos contaban que las playas estaban limpias, perfectas, que no pasaba nada, que solo salían unos hilillos… Ningún poder estatal tomaba una decisión con valentía, con coraje, con sentido común. La opción más coherente habría sido traer el barco a un lugar seguro de la costa y precintarlo. Pero claro, nos habríamos cargado unas cuantas comarcas y la opinión pública se habría puesto en su contra y las urnas habrían mermado. Daos cuenta de que si se llega a elegir esta opción, no conoceríamos qué hubiera sucedido si escogiera alejar el barco, que es el caso. Ninguna autoridad se atrevió. Eligieron barrer debajo de la alfombra. Todo esto ocasionó una catástrofe histórica y os voy a contar mi opinión y lo que supuso para mí. Yo me encontraba en esos tiempos con una rodilla rota y con el ánimo un poco bajo, la verdad. Para mí, el mar, las rías, Galicia, son mi hogar, mi recurso económico, mi vida. Ver toda mi casa, mis rocas, mi arena, mi agua salada, teñida de un asqueroso, triste, viscoso y maloliente color negro me partieron el corazón. Me empezaron a caer las lágrimas como si el mayor ser querido se hubiera muerto. Una atmósfera de tristeza nos inundó a toda la sociedad. Ante la pasividad de las autoridades, que no movieron un dedo, la sociedad gallega, sobre todo las gentes de la mar se unieron y se pusieron a recoger el “chapapote” de motu propio. Sin ayuda, sin herramientas específicas y en precario. Marineros y armadores con sus manos y sus barcos, con trueles, horquillas, etc. empezaron a recoger esta semilla del mal. Yo, con mi bastón, me veía impotente, no podía ayudar. Mi tierra estaba negra y yo no podía hacer nada por solucionarlo. Me puse en contacto con las cofradías. Les dije que estaba cojo, que caminaba con un bastón, que no podía cargar pesos, pero que era patrón mayor de Cabotaje con muchos años de experiencia y tenía capacidad para patronear cualquier tipo de embarcación. De este modo le podía dar descanso a los agotados patrones. Me respondieron dándome las gracias, pero mi situación de baja era incompatible. No sabéis lo que fue para mí no poder ayudar en este cometido. Siempre digo que una noticia transmitida por un político o por la prensa nunca es la realidad. En todos y cada uno de los sucesos que he vivido en primera persona y luego e visto en prensa, radio o televisión, nunca son la verdad. El caso del Prestige es mi ejemplo más claro. Decían que no pasaba nada y sin embargo te acercabas a los puertos y los marineros tenían sus ropas de aguas naranjas y amarillas teñidas de negro. Las planeadoras y barcos de pesca prácticamente inservibles. Lo que habrán sufrido mis colegas para dejarlos limpios de nuevo. Un día me acerqué a las costas de Bayona y se me rompió el alma. Rocas totalmente negras, pájaros muertos, olas negras que dejaban adivinar la viscosidad de esta asquerosa peste. Me volvieron a caer las lágrimas. Este sentimiento nunca lo olvidaré. Espero que jamás vuelva a suceder. Lo más vergonzoso empezó a suceder después. El gobierno necesitaba un lavado de imagen, un lavado de cara. Empezó una segunda fase en el desastre del Prestige, la desidia. Tanto el gobierno autonómico como el gobierno central, que en aquellos tiempos eran del mismo partido, empezaron a comprar voluntades. Dieron indemnizaciones a diestro y siniestro. A cada marinero le daban una prestación más alta que el jornal que podrían haber sacado si estuvieran trabajando y a los armadores les daban un dineral por tener sus barcos amarrados, ya que no se podía pescar debido a la contaminación de las aguas. Se estaba mejor en la tasca jugando a las cartas que faenando. De hecho se dejó de recoger chapapote. En ese momento hubo otro movimiento social y vino gente de toda España a ayudar. Incluso desde el extranjero. Fue loable. Lo que no lo fue, fue ver a la mayoría de los marineros gallegos disfrutando de sus pensiones en la taberna. Este comentario se que va a levantar ampollas, pero esto no me lo han contado, lo he vivido.

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